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sábado, 17 de octubre de 2015

Otro Año

Por Jeremías Martell

-Todos se han olvidado de ti...

Le dijo en gran triunfo Jeremías a la olvidada tumba del que en vida fuera un Gran Maestro. Habían pasado años desde su muerte y muy a pesar del estribillo que concluia con "mors non separate", sus hermanos de logia lo habían olvidado. Un Gran Maestro muerto ya le era inservible a los sicofantes de las logias.

La muerte de Santiago había sido un gran triunfo para Jeremías. En octubre de cada año celebraba su triunfo frente a la decrépita tumba abatida por los elementos.  La cual, al tiempo avanzar, era abrazada más y más por los yerbajos y alimañas de un lugar olvidado.

El verdadero testigo del amor fraternal.

Santiago no era el único altar mortuario que Jeremías visitaría. En febrero se jactaria de otro triunfo sobre la tumba de otro hermano caido... al los años pasar, más altares serían los que vistaría. Jeremías sobreviviría a todos sus enemigos...

viernes, 17 de octubre de 2014

La Tumba




Por Jeremías Martell

            Las carcajadas de Jeremías retumbaban por todo el cementerio. Invadiendo la triste soledad de esa pequeña necrópolis. Risa que retumbaba y se multiplicaba entre las olvidadas lapidas de personas olvidadas. Su risa era incontrolada… indigna. Las carcajadas de una persona que había perdido todos sus cabales. De una persona que sabía que nadie lo veía.

            Sentado en la tumba frente a la de Santiago, la risa de Jeremías era una combinación de mofa e incredulidad.

            -La tumba de un Ex Gran Maestro.

            Entre carcajadas, decía de forma burlona una y otra vez.

            -Patético.

            Proclamada para sí con destellos de furia y decepción en sus ojos.

            Los “hermanos de logia” siempre alardeaban de sus majestuosos edificios y templos (aunque no lo fueran)… Santiago sentía especial orgullo por el edificio del Gran Oriente Nacional y Soberano. Dentro y fuera de la logia Santiago se comportaba como una primadona. Se pavoneaba con medallas en su pecho y “emblemas y símbolos” de los más suntuosos que el Gran Oriente Nacional y Soberano pudiera pagar… un Muy Respetable e Ilustre Gran Maestro se lo merecía.

            Ahora en la “tumba fría”, sin flores o adornos, estaban los restos de Santiago. Olvidados. En una simple tumba de cemento, pintada de color blanco... sin finas terminaciones. Con una pequeña tarja imitación a mármol que decía, “Santiago, Ex Gran Maestro”. Con un diminuto “símbolo de la orden” hecho de plástico. Símbolo que un par de años las inclemencias del clima lo destruiría.

            Para completar, las ironías de la vida, en el lote del cementerio donde habían puesto el cadáver de Santiago, tenía las iniciales del nombre de Jeremías… Santiago pasaría el resto de la eternidad sometido bajo el nombre de su adversario.

            Jeremías disfrutaba de estar sentado sobre la tumba de Santiago. Era tan dura como la tumba del frente, pero esta se sentía mejor. Su sonrisa hubiera aterrorizado a cualquier visitante al cementerio. Pero nadie estaba allí.

            Luego de unas horas, Jeremías se levantó de un sólo movimiento. Mirando la tarjurcha que decía “Santiago, Ex Gran Maestro”… Jeremías cumplió con la promesa que le había hecho a Santiago esa última vez que se vieron…

viernes, 10 de octubre de 2014

La Gran Logia Celestial… o tan sólo una tumba




Por Jeremías Martell

            Habían pasado unos 6 meses desde que Santiago había muerto… o como a los ‘hermanos de logia’ preferían decir:

            “Partió a morar al Oriente Eterno” o a la “Gran Logia Celestial” o “Sanctum Celestial”… “Pasó por la gran iniciación” o “transmutación” o “transición”… o algún otro de esos eufemismos cuasi religioso que se utilizan en las logias para no enfrentar la muerte; y dar la impresión de una mística continuidad…

            La muerte de Santiago fue un evento traumático para Jeremías. Su “gran” enemigo ya no lo era. A pesar que lo había derrotado, Jeremías consideraba que Santiago no había sufrido lo suficiente. Aunque le arrebato lo más preciado en su vida a Santiago… él quería que sufriera más.
La Ley del Talión, el “ojo por ojo” no era suficiente. El daño recibido tenía que ser devuelto, no multiplicado 3 veces, sino que por 100… por 1000. “Si alguien te abofetea la mejilla, destroza la de él”.

            Con su muerte, el mezquino Santiago, le negaba la orgásmica satisfacción de una venganza total a Jeremías. Ahora Santiago no agonizaría en impotencia al ver como Jeremías, poco a poco, desmantelaba su legado en la logia; desenmascara a todos los que fueron los amigos, colegas y lacayos; y destruía la “carrera” de su nieto  en la logia y el Gran Oriente Nacional y Soberano… con sólo hacer que todos supieran la verdad.

            Cuando Jeremías le quitó lo más preciado en su “vida de logias” a Santiago, no sintió triunfo…   sólo una momentánea elación. Seguido de un profundo sentido de vacío existencial. Con la notificación de la muerte de Santiago tampoco hubo alegría. Únicamente un gran sentido de pena… de pérdida. Por lo que ahora nunca seria suyo.

            De lo que en la muerte Santiago le había negado

            Seis meses más tarde de esa muerte Jeremías estaba en el cementerio para cumplir una promesa a ese que ya no estaba allí. La última vez que vio a Santiago, lo abrazó para despedirse, y le dijo en voz baja y al oído,

            -Miraré tu tumba, parado sobre ella reiré y después la orinaré…

viernes, 3 de octubre de 2014

Ni los Muertos se Salvan




Por Jeremías Martell

            Arístides es un oportunista…

            Luego de 5 años en el Trono de la Muy Respetable e Inmaculada Logia Hijos de la Lucerna del Alba, ya los hermanos han quedado convencidos de este hecho. Él utilizó el Capitulo Juvenil, y todas las intrigas que en él se cuajaban, para su avance personal. Lo que le hizo a su mentor y a su hermano de iniciación, a pesar de todos sus intentos de llevarlo al olvido, ha quedado grabado en las mentes de los hermanos. Ahora intenta usar la muerte como un escalón en su avance en la fraternidad… esta vez a toda la isla.

            El Muy Respetable e Ilustre Gran Maestro Santiago ha muerto.

            Cuando Santiago murió, o como le gusta decir en la fraternidad “Partió a la Gran Logia Celestial”, Arístides insistió (al punto de la impertinencia) en ser el encargado de todos los arreglos fúnebres. Ese era el negocio que había heredado de su padre… eso era lo único que “sabia” hacer.

            Luego que los familiares empezaron a evitarlo y decirle que sus servicios no eran requeridos, hasta ofreció costear todos los gastos para que este fuera un evento memorable. Donde se cumplieran con todos rigores necesarios para poder despedir a ese amado hermano…

            Quien mejor que él, un hermano de logia, para hacer todo los arreglos necesarios para hacer una partida digna.

            Muy claro está que Arístides calculó que los beneficios serían más grandes que los gastos. ¿Qué otra explicación tiene la desesperación por ser el elegido para las funciones funerarias? Si él fuera elegido a esta función tendría exposición en los medios de comunicación a nivel nacional. Podría tener tiempo en los medios noticiosos, su nombre estaría en la radio y televisión sin tener que pagar por esa promoción.

            Además, que no se nos olvide de los beneficios que él ha de lograr dentro de la fraternidad. Él se vería como un héroe, como aquel hermano que se hizo cargo de una viuda en su momento de dolor. Que le dio sus servicios profesionales a uno de sus “hermanos de logia” sin importar los costos. Y obtendría los “puntos fraternales” con los grandes líderes del Gran Oriente Nacional y Soberano. De forma inmediata estaría en el radar de esos líderes por ser un “buen hermano de logia”.
           
            En su mente Arístides maquinaba como dividiría su tiempo entre la viuda y los líderes. Esa es la calidad Arístides… ni los muertos se salvan de su oportunismo…

viernes, 4 de abril de 2014

En el Olvido




Por Jeremías Martell

Santiago odiaba recibir cartas. Se había convertido en una inevitable maldición ver al cartero dejar las cartas en el buzón de su casa.

Cuando era un Muy Respetable e Ilustre Gran Maestro tenía a un criado que le servía de secretario. Quien abría, leía y resumía las múltiples misivas que resibía. Además, ese criado utilizaba su criterio y desechaba las cartas inconsecuentes, traía la atención de Santiago las que merecían ser leídas  por alguien de su alta jerarquía. En ocasiones, endulzaba las cartas que con el veneno de las letras le hubiera incomodado. Inclusive aminoraba los efectos de las cartas que traían malas noticias.

El criado Salomón le servía muy bien a su amo. Cuando era Muy Respetable e Ilustra Gran Maestro su vida le era más fácil. Santiago, ya no lo era.

Se había fraguado una rebelión contra su mandato divina y justamente ordenado. Los irrespetuosos y desobedientes a la figura del Muy Respetable e Ilustre Gran Maestro, que era él, cada vez eran más. Mientras, quienes lo apoyaban incondicionalmente (como debía ser) cada vez eran menos. Sólo los más leales quedaron hasta el final.

Esa rebelión había sido demasiado para su salud, tanto mental y emocional, como física. Así que decidió ‘retirarse’ del Trono que le pertenecía como Muy Respetado e Ilustre Gran Maestro.

Santiago tenía la esperanza que si dejaba a Carlota, su diputado, reinar en su Trono por los meses previos al proceso eleccionario, ella podría ganarlo. De esa forma alguien muy cercano a él, quien le debía, quien lo escuchaba cuando llamara, estaría en el Trono que él abandonaría ‘voluntariamente’.

No fue así.

Carlota perdió las elecciones, y quien fue por mucho tiempo fue el rival de Santiago, asumió el poder del Gran Oriente Nacional y Soberano. Fue un día muy triste para Santiago cuando tuvo que rendir su Trono y Cetro al afro caribeño que se lo había arrebatado en las elecciones. Más tristeza sintió cuando recibió la carta confirmando la aplastante victoria de ese negro y los nombramientos que había hecho.

Casi la totalidad de los partidarios de Santiago habían sido desterrados de las posiciones de poder. Ya fuera por votación o por nombramiento la influencia de Santiago en el Gran Oriente Nacional y Soberano había sido, para todos los efectos prácticos, anulada.

Sólo le quedaba la influencia y prestigio que podía tener un Ex Gran Maestro enfermo.

Ver al cartero con sus sobres en mano sólo le hacía recordar que él lo pudo evitar todo. La carta que le escribió Arístides fue una advertencia de lo que podía pasar. Santiago sólo se obsesionado en castigar a quien la había inspirado. Comenzó con una campaña que lo único que logro fue crear más detractores. Quienes gustosamente se unieron en cofradía de odio.

Hasta el propio Jeremías, fuente de dolor e inspiración, se lo advirtió. Le dijo que tenía que controlar la situación o se saldría de control. Pero quien sería tan osado de retar la autoridad del Muy Restable e Ilustre Gran Maestro, se preguntó en ese momento Santiago. El descartó a todos los que le dijeron que la carta inspirada por Jeremías no tenía mentiras o maldad.

Esa carta sólo la realidad que Santiago no quería ver.

Esa oscura musa tenía que ser purgada de la fraternidad. Como “buen” hermano de logia que era, Jeremías tendría que aceptar su exilio, pensó Santiago. Era su decisión como Muy Restable e Ilustre Gran Maestro y tenía que ser respetado y obedecido. Muchos hubieran obedecido, como Ricardo y Luis Eduardo obedecieron el comando al exilio. Muchos se hubieran sometido a la voluntad de Santiago y suplicado el perdón y jurar obediencia.

No Jeremías. Quien escribió…. y escribió. Cartas, panfletos, proclamas, cuentos, ensayos y artículos...

Eso inspiró a otros y se desembocó en un torrente de cartas… de amigos, hermanos y anónimos. Todas llenas de reclamos y reproches. De cosas que Santiago no quería leer. Por mucho tiempo el criado Salomón lo protegió de esas cartas. Pero Santiago tuvo que deshacerse de su criado. En la Isla al negro que se le acusa de algo, siempre será culpable.

Quien lo reemplazo no era tan eficiente como el negro Salomón. Un casi blanquito que no quería proteger a Santiago… y el torrente de cartas aumento. Las peores eran las escritas por Jeremías.

Un impertinente.
Un desobediente.

Santiago le ordenó callarse. Le ordenó que dejara de escribir. Pero no lo hizo. Continúo en todos los medios posibles. El nombre de Jeremías era una maldición que se manifestaba en cartas. Estas inspiraban a la desobediencia.

Santiago les había ordenado a todos los miembros del Gran Oriente Nacional y Soberano a no leer las cartas. A evitar todo contacto con Jeremías. Los hermanos de logia lo desobedecieron. Leían las cartas y eran inspirados a la desobediencia. El corazón de Santiago gritaba de la angustia.

Ahora, el cartero traía más cartas. En su mente y corazón Santiago sospechaba lo que había en ellas. Aun así las recibió y gran aprensión sintió cuando vio el Sello del Muy Restable e Ilustre Gran Maestro en una de las cartas. El que fue su sello.

Sentado en su sala Santiago miraba el sobre que guardaba su carta. Qué el nuevo Muy Restable e Ilustre Gran Maestro me habrá enviado, hubiera sido una pregunta pertinente que Santiago no quería pensar. Santiago ya sabía lo que en ella encontraba. De manera súbita, sin ceremonia y rasgándola con plena intensión de ultrajar el sobre, Santiago liberó la carta.

Su corazón salto una palpitación.

Su rival había perdonado a Jeremías. Lo había restaurado a la fraternidad. Con un plumazo había deshecho todos los esfuerzos de Santiago en perseguir a un irrespetuoso. Hasta rectificó todos los libros para que reflejaran que nunca fue expulsado o suspendido.

Su pecho se apretaba de la angustia. No sólo tuvo que abandonar el Trono que tanto amaba, el que en gloria ocupaba su rival, ahora su principal detractor estaba en pleno goce de sus derechos de la fraternidad.

Santiago continuaba leyendo la carta… sus maquinaciones no sólo eran reveladas en la carta para todos conocer, sino que también eran deshechas. Todos sus esfuerzos y sacrificios se desmoronaban mientras más leía.

Lagrimas se enjugan en sus ojos. Entre ahogados sollozos el aire le faltaba. Involuntariamente estrujaba la carta con su mano izquierda. Santiago no podía creer lo que estaba sucediendo. Su visión se nublaba al ver el nombre de Jeremías.

Santiago intentaba moverse pero no podía. El dolor era demasiado. El respirar difícil. La impotencia. Mirando la estrujada carta, viendo el nombre Jeremías Martell, Santiago colapso… nunca se recuperó.