Por Jeremías Martell
-Todos se han olvidado de ti...
Le dijo en gran triunfo Jeremías a la olvidada tumba del que en vida fuera un Gran Maestro. Habían pasado años desde su muerte y muy a pesar del estribillo que concluia con "mors non separate", sus hermanos de logia lo habían olvidado. Un Gran Maestro muerto ya le era inservible a los sicofantes de las logias.
La muerte de Santiago había sido un gran triunfo para Jeremías. En octubre de cada año celebraba su triunfo frente a la decrépita tumba abatida por los elementos. La cual, al tiempo avanzar, era abrazada más y más por los yerbajos y alimañas de un lugar olvidado.
El verdadero testigo del amor fraternal.
Santiago no era el único altar mortuario que Jeremías visitaría. En febrero se jactaria de otro triunfo sobre la tumba de otro hermano caido... al los años pasar, más altares serían los que vistaría. Jeremías sobreviviría a todos sus enemigos...
Estas son las historias de Jeremias... un testigo de los personajes que representan las peores cualidades y eventos que suceden en nuestra fraternidad...
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sábado, 17 de octubre de 2015
viernes, 17 de octubre de 2014
La Tumba
Por Jeremías Martell
Las
carcajadas de Jeremías retumbaban por todo el cementerio. Invadiendo la triste
soledad de esa pequeña necrópolis. Risa que retumbaba y se multiplicaba entre
las olvidadas lapidas de personas olvidadas. Su risa era incontrolada… indigna.
Las carcajadas de una persona que había perdido todos sus cabales. De una
persona que sabía que nadie lo veía.
Sentado
en la tumba frente a la de Santiago, la risa de Jeremías era una combinación de
mofa e incredulidad.
-La
tumba de un Ex Gran Maestro.
Entre
carcajadas, decía de forma burlona una y otra vez.
-Patético.
Proclamada
para sí con destellos de furia y decepción en sus ojos.
Los
“hermanos de logia” siempre alardeaban de sus majestuosos edificios y templos
(aunque no lo fueran)… Santiago sentía especial orgullo por el edificio del
Gran Oriente Nacional y Soberano. Dentro y fuera de la logia Santiago se
comportaba como una primadona. Se
pavoneaba con medallas en su pecho y “emblemas y símbolos” de los más suntuosos
que el Gran Oriente Nacional y Soberano pudiera pagar… un Muy Respetable e
Ilustre Gran Maestro se lo merecía.
Ahora
en la “tumba fría”, sin flores o adornos, estaban los restos de Santiago.
Olvidados. En una simple tumba de cemento, pintada de color blanco... sin finas
terminaciones. Con una pequeña tarja imitación a mármol que decía, “Santiago,
Ex Gran Maestro”. Con un diminuto “símbolo de la orden” hecho de plástico. Símbolo
que un par de años las inclemencias del clima lo destruiría.
Para
completar, las ironías de la vida, en el lote del cementerio donde habían
puesto el cadáver de Santiago, tenía las iniciales del nombre de Jeremías…
Santiago pasaría el resto de la eternidad sometido bajo el nombre de su
adversario.
Jeremías
disfrutaba de estar sentado sobre la tumba de Santiago. Era tan dura como la
tumba del frente, pero esta se sentía mejor. Su sonrisa hubiera aterrorizado a
cualquier visitante al cementerio. Pero nadie estaba allí.
Luego
de unas horas, Jeremías se levantó de un sólo movimiento. Mirando la tarjurcha que decía “Santiago,
Ex Gran Maestro”… Jeremías cumplió con la promesa que le había hecho a Santiago
esa última vez que se vieron…
viernes, 10 de octubre de 2014
La Gran Logia Celestial… o tan sólo una tumba
Por Jeremías Martell
Habían
pasado unos 6 meses desde que Santiago había muerto… o como a los ‘hermanos de
logia’ preferían decir:
“Partió
a morar al Oriente Eterno” o a la “Gran Logia Celestial” o “Sanctum Celestial”…
“Pasó por la gran iniciación” o “transmutación” o “transición”… o algún otro de
esos eufemismos cuasi religioso que se utilizan en las logias para no enfrentar
la muerte; y dar la impresión de una mística continuidad…
La
muerte de Santiago fue un evento traumático para Jeremías. Su “gran” enemigo ya
no lo era. A pesar que lo había derrotado, Jeremías consideraba que Santiago no
había sufrido lo suficiente. Aunque le arrebato lo más preciado en su vida a Santiago…
él quería que sufriera más.
La Ley del Talión, el “ojo por ojo” no era
suficiente. El daño recibido tenía que ser devuelto, no multiplicado 3 veces,
sino que por 100… por 1000. “Si alguien te abofetea la mejilla, destroza la de él”.
Con
su muerte, el mezquino Santiago, le negaba la orgásmica satisfacción de una
venganza total a Jeremías. Ahora Santiago no agonizaría en impotencia al ver
como Jeremías, poco a poco, desmantelaba su legado en la logia; desenmascara a
todos los que fueron los amigos, colegas y lacayos; y destruía la “carrera” de
su nieto en la logia y el Gran Oriente
Nacional y Soberano… con sólo hacer que todos supieran la verdad.
Cuando
Jeremías le quitó lo más preciado en su “vida de logias” a Santiago, no sintió
triunfo… sólo una momentánea elación.
Seguido de un profundo sentido de vacío existencial. Con la notificación de la
muerte de Santiago tampoco hubo alegría. Únicamente un gran sentido de pena… de
pérdida. Por lo que ahora nunca seria suyo.
De
lo que en la muerte Santiago le había negado
Seis
meses más tarde de esa muerte Jeremías estaba en el cementerio para cumplir una
promesa a ese que ya no estaba allí. La última vez que vio a Santiago, lo
abrazó para despedirse, y le dijo en voz baja y al oído,
-Miraré
tu tumba, parado sobre ella reiré y después la orinaré…
viernes, 3 de octubre de 2014
Ni los Muertos se Salvan
Por Jeremías Martell
Arístides
es un oportunista…
Luego
de 5 años en el Trono de la Muy Respetable e Inmaculada Logia Hijos de la
Lucerna del Alba, ya los hermanos han quedado convencidos de este hecho. Él
utilizó el Capitulo Juvenil, y todas las intrigas que en él se cuajaban, para
su avance personal. Lo que le hizo a su mentor y a su hermano de iniciación, a
pesar de todos sus intentos de llevarlo al olvido, ha quedado grabado en las
mentes de los hermanos. Ahora intenta usar la muerte como un escalón en su
avance en la fraternidad… esta vez a toda la isla.
El
Muy Respetable e Ilustre Gran Maestro Santiago ha muerto.
Cuando
Santiago murió, o como le gusta decir en la fraternidad “Partió a la Gran Logia
Celestial”, Arístides insistió (al punto de la impertinencia) en ser el
encargado de todos los arreglos fúnebres. Ese era el negocio que había heredado
de su padre… eso era lo único que “sabia” hacer.
Luego que
los familiares empezaron a evitarlo y decirle que sus servicios no eran requeridos,
hasta ofreció costear todos los gastos para que este fuera un evento memorable.
Donde se cumplieran con todos rigores necesarios para poder despedir a ese
amado hermano…
Quien
mejor que él, un hermano de logia, para hacer todo los arreglos necesarios para
hacer una partida digna.
Muy claro está que Arístides calculó que los beneficios serían más grandes que los
gastos. ¿Qué otra explicación tiene la desesperación por ser el elegido para
las funciones funerarias? Si él fuera elegido a esta función tendría exposición
en los medios de comunicación a nivel nacional. Podría tener tiempo en los medios
noticiosos, su nombre estaría en la radio y televisión sin tener que pagar por
esa promoción.
Además,
que no se nos olvide de los beneficios que él ha de lograr dentro de la
fraternidad. Él se vería como un héroe, como aquel hermano que se hizo cargo de
una viuda en su momento de dolor. Que le dio sus servicios profesionales a uno
de sus “hermanos de logia” sin importar los costos. Y obtendría los “puntos
fraternales” con los grandes líderes del Gran Oriente Nacional y Soberano. De
forma inmediata estaría en el radar de esos líderes por ser un “buen hermano de
logia”.
En
su mente Arístides maquinaba como dividiría su tiempo entre la viuda y los
líderes. Esa es la calidad Arístides… ni los muertos se salvan de su
oportunismo…
viernes, 4 de abril de 2014
En el Olvido
Por Jeremías Martell
Santiago odiaba recibir
cartas. Se había convertido en una inevitable maldición ver al cartero dejar
las cartas en el buzón de su casa.
Cuando era un Muy
Respetable e Ilustre Gran Maestro tenía a un criado que le servía de
secretario. Quien abría, leía y resumía las múltiples misivas que resibía. Además,
ese criado utilizaba su criterio y desechaba las cartas inconsecuentes, traía
la atención de Santiago las que merecían ser leídas por alguien de su alta jerarquía. En ocasiones,
endulzaba las cartas que con el veneno de las letras le hubiera incomodado.
Inclusive aminoraba los efectos de las cartas que traían malas noticias.
El criado Salomón le servía
muy bien a su amo. Cuando era Muy Respetable e Ilustra Gran Maestro su vida le
era más fácil. Santiago, ya no lo era.
Se había fraguado una
rebelión contra su mandato divina y justamente ordenado. Los irrespetuosos y
desobedientes a la figura del Muy Respetable e Ilustre Gran Maestro, que era él,
cada vez eran más. Mientras, quienes lo apoyaban incondicionalmente (como debía
ser) cada vez eran menos. Sólo los más leales quedaron hasta el final.
Esa rebelión había sido
demasiado para su salud, tanto mental y emocional, como física. Así que decidió
‘retirarse’ del Trono que le pertenecía como Muy Respetado e Ilustre Gran
Maestro.
Santiago tenía la
esperanza que si dejaba a Carlota, su diputado, reinar en su Trono por los
meses previos al proceso eleccionario, ella podría ganarlo. De esa forma
alguien muy cercano a él, quien le debía, quien lo escuchaba cuando llamara,
estaría en el Trono que él abandonaría ‘voluntariamente’.
No fue así.
Carlota perdió las
elecciones, y quien fue por mucho tiempo fue el rival de Santiago, asumió el
poder del Gran Oriente Nacional y Soberano. Fue un día muy triste para Santiago
cuando tuvo que rendir su Trono y Cetro al afro caribeño que se lo había
arrebatado en las elecciones. Más tristeza sintió cuando recibió la carta confirmando
la aplastante victoria de ese negro y los nombramientos que había hecho.
Casi la totalidad de
los partidarios de Santiago habían sido desterrados de las posiciones de poder.
Ya fuera por votación o por nombramiento la influencia de Santiago en el Gran
Oriente Nacional y Soberano había sido, para todos los efectos prácticos,
anulada.
Sólo le quedaba la
influencia y prestigio que podía tener un Ex Gran Maestro enfermo.
Ver al cartero con sus
sobres en mano sólo le hacía recordar que él lo pudo evitar todo. La carta que
le escribió Arístides fue una advertencia de lo que podía pasar. Santiago sólo
se obsesionado en castigar a quien la había inspirado. Comenzó con una campaña
que lo único que logro fue crear más detractores. Quienes gustosamente se
unieron en cofradía de odio.
Hasta el propio
Jeremías, fuente de dolor e inspiración, se lo advirtió. Le dijo que tenía que
controlar la situación o se saldría de control. Pero quien sería tan osado de
retar la autoridad del Muy Restable e Ilustre Gran Maestro, se preguntó en ese
momento Santiago. El descartó a todos los que le dijeron que la carta inspirada
por Jeremías no tenía mentiras o maldad.
Esa carta sólo la
realidad que Santiago no quería ver.
Esa oscura musa tenía
que ser purgada de la fraternidad. Como “buen” hermano de logia que era, Jeremías
tendría que aceptar su exilio, pensó Santiago. Era su decisión como Muy Restable
e Ilustre Gran Maestro y tenía que ser respetado y obedecido. Muchos hubieran
obedecido, como Ricardo y Luis Eduardo obedecieron el comando al exilio. Muchos
se hubieran sometido a la voluntad de Santiago y suplicado el perdón y jurar
obediencia.
No Jeremías. Quien
escribió…. y escribió. Cartas, panfletos, proclamas, cuentos, ensayos y
artículos...
Eso inspiró a otros y
se desembocó en un torrente de cartas… de amigos, hermanos y anónimos. Todas
llenas de reclamos y reproches. De cosas que Santiago no quería leer. Por mucho
tiempo el criado Salomón lo protegió de esas cartas. Pero Santiago tuvo que deshacerse
de su criado. En la Isla al negro que se le acusa de algo, siempre será
culpable.
Quien lo reemplazo no
era tan eficiente como el negro Salomón. Un casi blanquito que no quería
proteger a Santiago… y el torrente de cartas aumento. Las peores eran las escritas
por Jeremías.
Un impertinente.
Un desobediente.
Santiago le ordenó
callarse. Le ordenó que dejara de escribir. Pero no lo hizo. Continúo en todos
los medios posibles. El nombre de Jeremías era una maldición que se manifestaba
en cartas. Estas inspiraban a la desobediencia.
Santiago les había
ordenado a todos los miembros del Gran Oriente Nacional y Soberano a no leer
las cartas. A evitar todo contacto con Jeremías. Los hermanos de logia lo desobedecieron.
Leían las cartas y eran inspirados a la desobediencia. El corazón de Santiago
gritaba de la angustia.
Ahora, el cartero traía
más cartas. En su mente y corazón Santiago sospechaba lo que había en ellas.
Aun así las recibió y gran aprensión sintió cuando vio el Sello del Muy Restable
e Ilustre Gran Maestro en una de las cartas. El que fue su sello.
Sentado en su sala Santiago
miraba el sobre que guardaba su carta. Qué el nuevo Muy Restable e Ilustre Gran
Maestro me habrá enviado, hubiera sido una pregunta pertinente que Santiago no
quería pensar. Santiago ya sabía lo que en ella encontraba. De manera súbita,
sin ceremonia y rasgándola con plena intensión de ultrajar el sobre, Santiago
liberó la carta.
Su corazón salto una palpitación.
Su rival había
perdonado a Jeremías. Lo había restaurado a la fraternidad. Con un plumazo
había deshecho todos los esfuerzos de Santiago en perseguir a un irrespetuoso.
Hasta rectificó todos los libros para que reflejaran que nunca fue expulsado o
suspendido.
Su pecho se apretaba de
la angustia. No sólo tuvo que abandonar el Trono que tanto amaba, el que en gloria
ocupaba su rival, ahora su principal detractor estaba en pleno goce de sus
derechos de la fraternidad.
Santiago continuaba
leyendo la carta… sus maquinaciones no sólo eran reveladas en la carta para
todos conocer, sino que también eran deshechas. Todos sus esfuerzos y
sacrificios se desmoronaban mientras más leía.
Lagrimas se enjugan en
sus ojos. Entre ahogados sollozos el aire le faltaba. Involuntariamente
estrujaba la carta con su mano izquierda. Santiago no podía creer lo que estaba
sucediendo. Su visión se nublaba al ver el nombre de Jeremías.
Santiago intentaba
moverse pero no podía. El dolor era demasiado. El respirar difícil. La
impotencia. Mirando la estrujada carta, viendo el nombre Jeremías Martell, Santiago
colapso… nunca se recuperó.
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