Por Jeremías Martell
-Todos se han olvidado de ti...
Le dijo en gran triunfo Jeremías a la olvidada tumba del que en vida fuera un Gran Maestro. Habían pasado años desde su muerte y muy a pesar del estribillo que concluia con "mors non separate", sus hermanos de logia lo habían olvidado. Un Gran Maestro muerto ya le era inservible a los sicofantes de las logias.
La muerte de Santiago había sido un gran triunfo para Jeremías. En octubre de cada año celebraba su triunfo frente a la decrépita tumba abatida por los elementos. La cual, al tiempo avanzar, era abrazada más y más por los yerbajos y alimañas de un lugar olvidado.
El verdadero testigo del amor fraternal.
Santiago no era el único altar mortuario que Jeremías visitaría. En febrero se jactaria de otro triunfo sobre la tumba de otro hermano caido... al los años pasar, más altares serían los que vistaría. Jeremías sobreviviría a todos sus enemigos...
Estas son las historias de Jeremias... un testigo de los personajes que representan las peores cualidades y eventos que suceden en nuestra fraternidad...
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sábado, 17 de octubre de 2015
viernes, 21 de noviembre de 2014
El Fin… del Hermano Salomón
Por Jeremías Martell
El
Hermano Salomón escribía su Carta de Renuncia sin convicción en la faena. La
escriba porque se la habían pedido. Porque había sido amenazado y se sentía
coaccionado.La amenaza no era de daño físico… ni de muerte…
a él o a sus seres queridos. Nada de eso. Era peor. La amenaza era a su honra…
querían matar su nombre.
Luego
de años de fiel servicio al Gran Oriente Nacional y Soberano tenía que
renunciar a la posición electa de Gran Secretario. Su posición. El Hermano Salomón
había cometido una indiscreción. De esas
que son fácilmente justificables, simples de reprochar y enmendar. Ahora
tendría que pagar… un precio muy alto. Ese es el precio que se le cobra a todo
negro en la isla.
Durante
la pasada campaña electorera del Gran Oriente Nacional y Soberano el Hermano Salomón
compitió por cuarta ocasión a la re elección por la silla del Gran Secretario.
Como todo incumbente en una posición electiva tuvo una gran ventaja. Su nombre
era mencionado casi semanalmente en todas las logias del país. Toda
comunicación “de” y “al” Gran Oriente Nacional y Soberano llevaba su nombre. Al
momento de votar por el próximo Gran Secretario, el hermano tendría muy
presente en su memoria el nombre del Hermano Salomón.
Aun
así, que su nombre fuera reconocido, no era suficiente.
Así
que el Hermano Salomón comenzó a enviar cartas a las logias sobre su intención de competir
para la re elección. Luego enviando otras cartas donde resaltaba su “excelente
labor como Gran Secretario”. Cartas que eran impresas con los recursos del Gran
Oriente Nacional y Soberano. Incluía sus cartas entre la correspondencia
oficial del Gran Oriente Nacional y Soberano que se enviaban constantemente a
las logias.
-Eso
no es nada… No son gastos extra. Las
cartas se van entre los otros documento…
Se
justificó el Hermano Salomón.
La
popularidad por su “excelente labor como Gran Secretario” protegió al Hermano Salomón
de los efectos politiqueros que sus cartas pudieran germinar durante la campaña
electorera. Lo que nunca entendió fue que las cartas eran innecesarias para
ganar las elecciones.
A nadie le sorprendió, excepto al Hermano Salomón,
cuando cómodamente ganó las elecciones para Gran Secretario.
Los
perdedores no alzaron su voz en protesta. No pidieron recuentos. Ni hicieron
escándalos. Ellos tenían otros medios para lograr esa silla. Ellos estaban
dispuestos a “tranzar”. Eran tan buenos “hermanos de logia” que protegerían al
Gran Oriente Nacional y Soberano y la dignidad de la Oficina del Gran
Secretario. Sólo le pidieron al Muy Respetable e Ilustre Hermano Santiago la
cabeza del Hermano Salomón.
La
petición que le hicieron a Santiago le causó gran dolor… él perdería al negro
leal que le había servido como criado durante años.
-Que
importa.
Se
dijo a si mismo luego de una breve musa. El Gran Oriente Nacional y Soberano
estaba lleno de lacayos en potencia, des testados deseos en servirle al Muy
Respetable e Ilustre Gran Maestro. Tal vez Santiago ahora lograría tener a
un criado blanquito, como los persas o
árabes, eso le daría más estatus.
Cuando
Santiago le pidió la renuncia al Hermano Salomón, éste resistió la proposición.
-Dónde
está la evidencia… que me procesen…
quiero un juicio de logia… que los hermanos decidan si lo que hice
estuvo mal…
-Como
usted quiera…
Levantándose
de su escritorio le respondió Santiago con una mirada vacía.
El
Hermano Santiago sintió miedo. Sabía lo que esas palabras implicaban. Él había
sido un testigo silente de lo que Santiago le había hecho a 18 hermanos de
logia. Más importante sabía que Santiago no tendría escrúpulos en hacerle lo
mismo a él.
Como
tantas otras veces el Hermano Salomón bajó su cabeza ante su amo y sumisamente
dijo,
-Como
usted diga Muy Respetable e Ilustre Gran Maestro.
Terminando
de escribir su Carta de Renuncia la depositó en el apartado del Muy Respetable
e Ilustre Gran Maestro. No hubo despedidas o agradecimientos. Santiago no
quería tener contacto con él.
Con
la entrega de su carta de renuncia el Hermano Salomón se resignó al exilio… al
olvido. Sus años de servicio al Gran Oriente Nacional y Soberano valieron poco
al momento de imponer una penalidad por su indiscreción.
A
los 6 meses de su renuncia todos habían olvidado quien había sido y lo que
había hecho… y Santiago obtuvo a su blanquito… al casi ganador de la elección,
el Hermano Dámaso.
viernes, 17 de octubre de 2014
La Tumba
Por Jeremías Martell
Las
carcajadas de Jeremías retumbaban por todo el cementerio. Invadiendo la triste
soledad de esa pequeña necrópolis. Risa que retumbaba y se multiplicaba entre
las olvidadas lapidas de personas olvidadas. Su risa era incontrolada… indigna.
Las carcajadas de una persona que había perdido todos sus cabales. De una
persona que sabía que nadie lo veía.
Sentado
en la tumba frente a la de Santiago, la risa de Jeremías era una combinación de
mofa e incredulidad.
-La
tumba de un Ex Gran Maestro.
Entre
carcajadas, decía de forma burlona una y otra vez.
-Patético.
Proclamada
para sí con destellos de furia y decepción en sus ojos.
Los
“hermanos de logia” siempre alardeaban de sus majestuosos edificios y templos
(aunque no lo fueran)… Santiago sentía especial orgullo por el edificio del
Gran Oriente Nacional y Soberano. Dentro y fuera de la logia Santiago se
comportaba como una primadona. Se
pavoneaba con medallas en su pecho y “emblemas y símbolos” de los más suntuosos
que el Gran Oriente Nacional y Soberano pudiera pagar… un Muy Respetable e
Ilustre Gran Maestro se lo merecía.
Ahora
en la “tumba fría”, sin flores o adornos, estaban los restos de Santiago.
Olvidados. En una simple tumba de cemento, pintada de color blanco... sin finas
terminaciones. Con una pequeña tarja imitación a mármol que decía, “Santiago,
Ex Gran Maestro”. Con un diminuto “símbolo de la orden” hecho de plástico. Símbolo
que un par de años las inclemencias del clima lo destruiría.
Para
completar, las ironías de la vida, en el lote del cementerio donde habían
puesto el cadáver de Santiago, tenía las iniciales del nombre de Jeremías…
Santiago pasaría el resto de la eternidad sometido bajo el nombre de su
adversario.
Jeremías
disfrutaba de estar sentado sobre la tumba de Santiago. Era tan dura como la
tumba del frente, pero esta se sentía mejor. Su sonrisa hubiera aterrorizado a
cualquier visitante al cementerio. Pero nadie estaba allí.
Luego
de unas horas, Jeremías se levantó de un sólo movimiento. Mirando la tarjurcha que decía “Santiago,
Ex Gran Maestro”… Jeremías cumplió con la promesa que le había hecho a Santiago
esa última vez que se vieron…
viernes, 10 de octubre de 2014
La Gran Logia Celestial… o tan sólo una tumba
Por Jeremías Martell
Habían
pasado unos 6 meses desde que Santiago había muerto… o como a los ‘hermanos de
logia’ preferían decir:
“Partió
a morar al Oriente Eterno” o a la “Gran Logia Celestial” o “Sanctum Celestial”…
“Pasó por la gran iniciación” o “transmutación” o “transición”… o algún otro de
esos eufemismos cuasi religioso que se utilizan en las logias para no enfrentar
la muerte; y dar la impresión de una mística continuidad…
La
muerte de Santiago fue un evento traumático para Jeremías. Su “gran” enemigo ya
no lo era. A pesar que lo había derrotado, Jeremías consideraba que Santiago no
había sufrido lo suficiente. Aunque le arrebato lo más preciado en su vida a Santiago…
él quería que sufriera más.
La Ley del Talión, el “ojo por ojo” no era
suficiente. El daño recibido tenía que ser devuelto, no multiplicado 3 veces,
sino que por 100… por 1000. “Si alguien te abofetea la mejilla, destroza la de él”.
Con
su muerte, el mezquino Santiago, le negaba la orgásmica satisfacción de una
venganza total a Jeremías. Ahora Santiago no agonizaría en impotencia al ver
como Jeremías, poco a poco, desmantelaba su legado en la logia; desenmascara a
todos los que fueron los amigos, colegas y lacayos; y destruía la “carrera” de
su nieto en la logia y el Gran Oriente
Nacional y Soberano… con sólo hacer que todos supieran la verdad.
Cuando
Jeremías le quitó lo más preciado en su “vida de logias” a Santiago, no sintió
triunfo… sólo una momentánea elación.
Seguido de un profundo sentido de vacío existencial. Con la notificación de la
muerte de Santiago tampoco hubo alegría. Únicamente un gran sentido de pena… de
pérdida. Por lo que ahora nunca seria suyo.
De
lo que en la muerte Santiago le había negado
Seis
meses más tarde de esa muerte Jeremías estaba en el cementerio para cumplir una
promesa a ese que ya no estaba allí. La última vez que vio a Santiago, lo
abrazó para despedirse, y le dijo en voz baja y al oído,
-Miraré
tu tumba, parado sobre ella reiré y después la orinaré…
viernes, 3 de octubre de 2014
Ni los Muertos se Salvan
Por Jeremías Martell
Arístides
es un oportunista…
Luego
de 5 años en el Trono de la Muy Respetable e Inmaculada Logia Hijos de la
Lucerna del Alba, ya los hermanos han quedado convencidos de este hecho. Él
utilizó el Capitulo Juvenil, y todas las intrigas que en él se cuajaban, para
su avance personal. Lo que le hizo a su mentor y a su hermano de iniciación, a
pesar de todos sus intentos de llevarlo al olvido, ha quedado grabado en las
mentes de los hermanos. Ahora intenta usar la muerte como un escalón en su
avance en la fraternidad… esta vez a toda la isla.
El
Muy Respetable e Ilustre Gran Maestro Santiago ha muerto.
Cuando
Santiago murió, o como le gusta decir en la fraternidad “Partió a la Gran Logia
Celestial”, Arístides insistió (al punto de la impertinencia) en ser el
encargado de todos los arreglos fúnebres. Ese era el negocio que había heredado
de su padre… eso era lo único que “sabia” hacer.
Luego que
los familiares empezaron a evitarlo y decirle que sus servicios no eran requeridos,
hasta ofreció costear todos los gastos para que este fuera un evento memorable.
Donde se cumplieran con todos rigores necesarios para poder despedir a ese
amado hermano…
Quien
mejor que él, un hermano de logia, para hacer todo los arreglos necesarios para
hacer una partida digna.
Muy claro está que Arístides calculó que los beneficios serían más grandes que los
gastos. ¿Qué otra explicación tiene la desesperación por ser el elegido para
las funciones funerarias? Si él fuera elegido a esta función tendría exposición
en los medios de comunicación a nivel nacional. Podría tener tiempo en los medios
noticiosos, su nombre estaría en la radio y televisión sin tener que pagar por
esa promoción.
Además,
que no se nos olvide de los beneficios que él ha de lograr dentro de la
fraternidad. Él se vería como un héroe, como aquel hermano que se hizo cargo de
una viuda en su momento de dolor. Que le dio sus servicios profesionales a uno
de sus “hermanos de logia” sin importar los costos. Y obtendría los “puntos
fraternales” con los grandes líderes del Gran Oriente Nacional y Soberano. De
forma inmediata estaría en el radar de esos líderes por ser un “buen hermano de
logia”.
En
su mente Arístides maquinaba como dividiría su tiempo entre la viuda y los
líderes. Esa es la calidad Arístides… ni los muertos se salvan de su
oportunismo…
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